Caleb sintió vergüenza antes de responder.
—Lo tienes.
Olivia siguió hablando.
—Pero no puedo continuar con el mismo horario mientras estén conmigo.
Ahí estaba la conversación que ella había temido.
No pedía un regalo.
Pedía condiciones que le permitieran seguir trabajando sin abandonar a tres bebés que dependían de ella.
Caleb preguntó qué horario podía cumplir de manera realista y Olivia comenzó a explicarlo con una precisión que lo sorprendió.
Podía trabajar menos días durante algunas semanas.
Podía concentrar las tareas más pesadas en ciertas horas.
Necesitaba tiempo para encontrar una solución estable para el cuidado de los niños.
Necesitaba, sobre todo, que un imprevisto relacionado con ellos no significara automáticamente quedarse sin ingreso.
Caleb escuchó.
Esta vez de verdad.
Cuando Olivia terminó, él hizo algo que probablemente habría sido impensable para él aquella misma mañana: no trató de convertir la conversación en una negociación rápida.