Luego hizo una pregunta mucho más difícil.
—¿Y tú sí te vas a quedar?
Alejandro se sentó en el piso.
No quería contestar como el empresario que solucionaba problemas con una transferencia.
Contestó como un padre que por fin entendía que estar disponible no era lo mismo que estar presente.
—Voy a cambiar cómo trabajo.
Emma frunció el ceño.
—¿Eso es sí?
Alejandro casi sonrió.
—Sí. Es sí.
Las semanas siguientes no parecieron el final espectacular que algunos invitados de aquella fiesta seguramente imaginaron.
Fueron más difíciles.
Hubo preguntas.
Hubo revisiones de cuentas.
Hubo decisiones sobre la separación de Alejandro y Vanessa.
Hubo conversaciones en las que Alejandro tuvo que aceptar, sin defenderse, que varias personas habían intentado advertirle que algo no estaba bien.
Descubrió que las dos niñeras no habían desaparecido de un día para otro.