Las Huellas Que Llegaron Hasta La Casa De Jacinta Y Baltasar-lbsuong

Eusebio señaló a Baltasar.

—Porque él sabía lo que estaba haciendo.

—Sí —respondió Baltasar—. Te entregué exactamente lo que pediste.

La tienda quedó llena de respiraciones contenidas y del ruido de un caballo moviendo las riendas afuera.

Eusebio cambió de táctica.

—Entonces devuelve a la muchacha y deshacemos el trato.

Jacinta sintió que algo dentro de ella se quedaba quieto.

No por sorpresa.

Por claridad.

Había necesitado veinticuatro años para escuchar a su padre resumir en una sola frase lo que siempre había sido para él.

Algo intercambiable.

Algo que podía salir y regresar según el valor de las cuentas.

Baltasar dio un paso hacia delante.

Jacinta levantó una mano.

Él se detuvo.

Ella quería hacerlo sola.

—No puedes devolverme porque nunca fui tuya para entregar.

Eusebio soltó una risa seca.

—Te alimenté veinticuatro años.

—Y yo trabajé en esta tienda desde que alcanzaba el mostrador.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *