Las Huellas Que Llegaron Hasta La Casa De Jacinta Y Baltasar-lbsuong

—Vivías bajo mi techo.

—Dormía junto al almacén para levantarme antes del amanecer.

—Eres mi hija.

Jacinta sostuvo su mirada.

—Ahora te acuerdas.

Eusebio abrió la boca, pero uno de los prestamistas lo interrumpió.

—Nosotros vinimos por una deuda, no por una discusión familiar.

Ahí apareció la segunda verdad.

Los tres hombres no habían seguido a Baltasar para llevarse a Jacinta.

Lo habían seguido buscando una riqueza que Eusebio les había prometido que encontrarían.

El tercer hombre, explicaron, había permanecido cerca del sendero porque creía que Baltasar podía ocultar otra salida hacia los arroyos donde recogía pepitas.

Baltasar no tenía una mina.

No tenía cofres llenos de oro.

Y no pensaba entregarles sus años de trabajo para cubrir una mentira ajena.

—La deuda de Eusebio es con ustedes —dijo—. Lo que yo acordé con él ya fue entregado.

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