Las Huellas Que Llegaron Hasta La Casa De Jacinta Y Baltasar-lbsuong

Durante las semanas siguientes, Jacinta aprendió a reconocer los sonidos de la montaña.

El caballo que golpeaba dos veces el suelo antes de beber.

La madera contrayéndose durante la madrugada.

Baltasar separando plantas sobre la mesa.

El viento entrando por la parte alta del valle.

También aprendió que vivir con un hombre respetuoso no borraba de inmediato veinticuatro años de obediencia.

Cuando rompía un plato, esperaba un insulto.

Cuando comía una segunda porción, se preparaba para una burla.

Cuando se sentaba a descansar antes de terminar una tarea, sentía la necesidad de explicar por qué.

Baltasar comenzó a notarlo.

Una tarde la encontró levantándose apresuradamente al verlo entrar.

—¿Qué haces?

—Nada.

—Estabas sentada.

Jacinta esperó.

—Sí.

—Entonces sigue sentada.

Eso fue todo.

Otro día ella cargó sola un costal demasiado pesado y Baltasar trató de quitárselo.

Jacinta se endureció.

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