Las Huellas Que Llegaron Hasta La Casa De Jacinta Y Baltasar-lbsuong

Jacinta la tomó.

—Dijiste que era para esto.

Ella observó la harina, luego la pepita y finalmente sus propias manos.

Recordó la boda.

El alambre torcido de Eusebio cayendo al suelo.

El anillo azul pasando a su dedo.

Las risas terminando.

Durante mucho tiempo había pensado que el momento más importante de aquella historia había sido cuando Baltasar se arrodilló ante todos y declaró que ella no era mercancía.

Ahora sabía que no.

Lo verdaderamente difícil había venido después.

Creerlo.

Jacinta guardó la pepita en un frasco pequeño junto a la despensa.

No como tesoro.

No como prueba de riqueza.

Como recordatorio de algo mucho más cotidiano.

Una piedra amarilla podía convertirse en una mentira capaz de llevar hombres hasta una montaña si alguien necesitaba desesperadamente que valiera más de lo que valía.

Y una mujer podía pasar años creyendo las palabras con las que otros habían medido su cuerpo hasta descubrir que también esas palabras tenían un valor inventado.

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