Eusebio dejó de hablar al verla.
Ramona estaba detrás del mostrador.
Elisa sostenía una taza con ambas manos.
Frente a ellos estaban dos hombres que Jacinta reconoció como los prestamistas que habían visitado la tienda durante las semanas anteriores.
Uno llevaba botas con un herraje oscuro en el tacón derecho.
El mismo dibujo.
El hombre miró hacia la puerta y vio a Baltasar detrás de Jacinta.
—Ahí está.
Eusebio salió de detrás del mostrador.
—Tú me dijiste que ese terreno valía algo.
Baltasar frunció el ceño.
—Tú pediste el terreno junto al arroyo.
—¡Es piedra!
—Siempre ha sido piedra.
—No tiene oro.
Baltasar lo miró durante un momento.
—Nunca dije que lo tuviera.
Jacinta volvió lentamente la cabeza hacia su padre.
Ahí estaba la grieta.
Eusebio había contado una versión diferente.
Uno de los prestamistas golpeó el mostrador con los dedos.