Pero no entendía el número.
Busqué entre sus pertenencias.
Revisé sus cajones.
Sus bolsos.
Sus cajas de costura.
Nada.
Hasta que encontré una libreta antigua.
Entre sus páginas había una tarjeta de una empresa de cajas de seguridad privadas.
Custodia Patrimonial del Occidente.
Debajo aparecía una dirección en Guadalajara.
Y un número escrito a mano.
Sentí que el corazón comenzaba a latirme con fuerza.
Al día siguiente acudí a aquella dirección.
Era un edificio discreto en una zona comercial.
Una recepcionista me atendió.
—Buenos días. ¿En qué puedo ayudarla?
Coloqué la llave sobre el mostrador.
—Mi suegra me entregó esto antes de fallecer.
La mujer observó la marca.
—¿Nombre de la titular?
—Mercedes Villaseñor.
Su expresión cambió ligeramente.
—Permítame revisar.
Tecleó durante unos minutos.
Después llamó a un hombre mayor que vestía traje gris.