—Señora Hernández —dijo él—, soy el licenciado Octavio Paredes. Mercedes dejó instrucciones específicas relacionadas con usted.
Me quedé inmóvil.
—¿Instrucciones?
—Sí. Pero antes necesitamos verificar su identidad y revisar la documentación correspondiente.
Le mostré mi identificación y los documentos que llevaba.
El abogado los examinó.
—Mercedes vino aquí hace aproximadamente ocho meses —explicó—. Actualizó sus instrucciones y dejó un sobre para usted.
—¿Qué contiene?
—Eso deberá descubrirlo personalmente.
Me condujo a una sala privada.
Sobre una mesa colocó una pequeña caja metálica.
Introduje la llave.
Giró suavemente.
Cuando levanté la tapa, encontré tres objetos.
Una carpeta azul.
Un sobre cerrado.
Y una memoria USB.
En el sobre estaba escrito mi nombre.
ROSA ELENA HERNÁNDEZ.
Reconocí la letra de Mercedes.
Abrí la carta.
"Mi querida hija:
Si estás leyendo esto, significa que ya no pude explicártelo personalmente.
Durante veinte años te he visto sacrificar tus sueños por mi hijo.