He visto cómo te ha tratado.
He escuchado sus mentiras.
Y he cometido el error de permanecer callada demasiadas veces.
Pero hay algo que Julián nunca te contó.
Algo relacionado con la empresa que construyó.
Y con el dinero que tú aportaste cuando ambos no tenían nada.
Rosa Elena, mi hijo no es el único dueño de lo que presume.
Y ha pasado años intentando ocultártelo."
Dejé de respirar.
Miré la carpeta azul.
En la primera página había un documento firmado veinte años atrás.
Era el contrato de constitución de la empresa de Julián.
Y debajo de su nombre aparecía otro.
Rosa Elena Hernández.
Con una participación accionaria del cuarenta por ciento.
Me quedé helada.
Porque durante veinte años Julián me había repetido que yo no tenía nada que ver con su negocio.