Pero aquellos documentos contaban una historia completamente distinta.
CAPÍTULO 3: LOS DOCUMENTOS QUE MI ESPOSO HABÍA ESCONDIDO
Durante varios minutos no pude apartar la mirada de aquella cifra.
Cuarenta por ciento.
Recordé los primeros años de matrimonio.
Las noches en que Julián y yo cenábamos sopa instantánea porque no alcanzaba para otra cosa.
Los fines de semana en que trabajaba haciendo declaraciones fiscales para pequeños negocios.
Los ahorros que había reunido antes de casarme.
Y el día que entregué ciento ochenta mil pesos para ayudarlo a comprar su primer vehículo de reparto.
Julián me abrazó aquella tarde.
—Cuando esta empresa crezca, todo será nuestro, Rosa Elena.
Yo le creí.
Después, cuando comenzó a ganar dinero, me dijo que mi aportación había sido un préstamo familiar.
Que ya me lo había devuelto mediante los gastos de nuestra casa.