Mi abogada me advirtió que el proceso podía ser largo.
—Rosa Elena, no sabemos todavía qué parte de estos documentos conserva efectos legales. Pero tenemos elementos suficientes para investigar.
Asentí.
—No tengo prisa por vengarme. Solo quiero saber la verdad y proteger mis derechos.
Mientras tanto, Julián seguía enviándome mensajes desde su supuesto viaje de negocios.
"No olvides pagar el seguro del auto."
"Dile a mamá que la visitaré cuando regrese."
"Necesito que tengas mis camisas listas para el lunes."
Leí aquel último mensaje mientras sostenía la fotografía de Mercedes.
Y comprendí que mi matrimonio había terminado mucho antes de que yo decidiera divorciarme.
Solo que hasta entonces no había tenido el valor de aceptarlo.
Aquella noche saqué una pequeña maleta.
Guardé mi ropa.
Mis documentos.
Las fotografías de mi suegra.
Y algunas pertenencias personales.
Después coloqué sobre la mesa del comedor una copia de la solicitud de divorcio y una nota indicando que las comunicaciones legales debían dirigirse a mi abogada.