Nos encontramos en el despacho de mi abogada.
Julián llegó con un traje oscuro.
Tenía ojeras.
Parecía haber envejecido varios años en unas semanas.
Cuando me vio, se levantó inmediatamente.
—Rosa Elena…
Me senté frente a él.
—Buenos días, Julián.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—No sabía que mamá iba a morir.
Lo miré.
—Te llamé treinta veces.
Bajó la cabeza.
—Lo sé.
—Te envié mensajes.
—Los vi demasiado tarde.
—Te dije que era urgente.
Julián comenzó a llorar.
—Pensé que podía resolverlo después.
Sentí una tristeza profunda.
—Eso fue lo que hiciste durante veinte años. Siempre pensabas que podías resolverlo después.
No respondió.
—Después visitarías a tu madre.
—Rosa…
—Después vendrías a sus cumpleaños.
—Por favor…
—Después me acompañarías cuando perdimos a nuestro bebé.
Julián cerró los ojos.