—No sigas.
Mi voz comenzó a temblar.
—Pero ya no existe un después para tu mamá.
Él se cubrió el rostro.
Durante varios minutos solo se escucharon sus sollozos.
Finalmente levantó la cabeza.
—Cometí errores terribles.
Asentí.
—Sí.
—Terminé con Daniela.
Lo miré sin emoción.
—Esa decisión es tuya.
—Quiero recuperar nuestro matrimonio.
Negué lentamente.
—Yo no.
Julián pareció recibir un golpe.
—¿Después de veinte años vas a dejarme así?
Respiré profundamente.
—No te estoy dejando por una sola infidelidad. Me estoy marchando después de años de desprecio, mentiras y abandono emocional.
Mi abogada intervino para continuar con los asuntos legales.
Se revisaron los documentos de la empresa.
Se discutieron las participaciones.
Y se acordó iniciar una auditoría independiente.
No hubo gritos.
No hubo amenazas.
Solo decisiones que debieron haberse tomado mucho tiempo atrás.
Cuando la reunión terminó, Julián se acercó una última vez.