—¿Mamá habló de mí antes de morir?
Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
—Sí.
Él levantó la mirada.
—¿Qué dijo?
Recordé su voz débil en el hospital.
Su mano apretando la mía.
Y aquella llave de plata.
—Dijo que ya era tiempo.
Julián frunció el ceño.
—¿Tiempo de qué?
Lo miré directamente.
—De dejar de llorar por alguien que nunca estaba.
Me levanté.
Y salí del despacho.
Aquella fue la última vez que permití que Julián decidiera cuánto valía mi tranquilidad.
CAPÍTULO 5: LA HERENCIA QUE NO SE PODÍA COMPRAR CON DINERO
El divorcio no se resolvió inmediatamente.
Hubo negociaciones.
Revisión de bienes.
Auditorías.
Y varias audiencias.
Los documentos que Mercedes había conservado fueron importantes para reconstruir la historia de la empresa.
Finalmente, después de revisar registros y acuerdos, se reconocieron derechos patrimoniales que Julián había intentado minimizar durante años.