El proceso terminó con un convenio legal que me permitió recuperar una parte significativa de lo que había contribuido a construir.
No recibí una fortuna mágica.
Recibí lo que correspondía después de años de trabajo, aportaciones y acuerdos que finalmente fueron examinados.
También se ejecutaron las disposiciones testamentarias válidas de Mercedes.
Ella había destinado una parte de sus bienes a causas benéficas.
Otra parte a familiares.
Y había dejado para mí una propiedad pequeña en Ajijic, cerca del lago de Chapala.
Era una casa de una sola planta.
Tenía paredes blancas.
Un jardín lleno de bugambilias.
Y una terraza desde donde podía verse el agua a lo lejos.
Cuando llegué por primera vez, encontré una carta dentro de un cajón.
Estaba escrita con la letra temblorosa de Mercedes.
"Mi querida Rosa Elena:
Esta casa fue el primer lugar donde me sentí libre después de enviudar.