Aquí aprendí que la soledad no siempre es tristeza.
A veces es descanso.
A veces es la oportunidad de volver a escuchar nuestra propia voz.
Quiero que tengas un lugar donde nadie te haga sentir que estorbas.
Un lugar donde puedas despertar sin miedo a decepcionar a alguien.
Un lugar que puedas llamar hogar.
Con todo mi amor,
Mamá Mercedes."
Me senté en el suelo y lloré.
No por la propiedad.
Sino porque incluso después de morir, aquella mujer seguía pensando en mi bienestar.
Durante los meses siguientes restauré la casa.
Pinté las paredes.
Arreglé el jardín.
Compré muebles sencillos.
Y coloqué una fotografía de Mercedes junto a la ventana.
También regresé a trabajar.
Durante años había dejado mi carrera en segundo plano para apoyar a Julián y cuidar a su madre.
Ahora quería recuperar una parte de mí que había olvidado.