Yo retrocedí hasta la pared.
Todavía tenía la llave apretada en la mano.
Minutos después, el médico se acercó.
Su expresión me dijo todo antes de que pronunciara una palabra.
—Lo sentimos mucho.
Me derrumbé.
Doña Mercedes había muerto.
Y yo era la única persona de su familia que estaba allí.
Aquella noche, mientras firmaba documentos y tomaba decisiones que jamás había imaginado enfrentar sola, no dejaba de mirar la pequeña llave.
No sabía qué abría.
Pero estaba segura de algo.
Mercedes había utilizado sus últimas fuerzas para entregármela.
Y no pensaba ignorar su último deseo.
CAPÍTULO 2: EL FUNERAL AL QUE SU PROPIO HIJO NO ASISTIÓ
Los siguientes dos días transcurrieron como una pesadilla.
Organicé los servicios funerarios.
Elegí las flores.
Preparé la ropa con la que Mercedes sería despedida.
Contacté a sus amigas.