Avisé a sus antiguos vecinos.
Y seguí intentando localizar a Julián.
Le envié mensajes.
"Tu mamá está muy grave. Necesito que me llames."
Después:
"Julián, por favor. Es urgente."
Y finalmente:
"Tu madre falleció. Comunícate conmigo cuando puedas."
El mensaje apareció como entregado.
Pero nunca recibí respuesta.
Más tarde descubrí que había silenciado nuestra conversación.
El día de la ceremonia, la pequeña capilla estaba llena.
Llegaron antiguas compañeras de la tienda de telas.
Vecinas que Mercedes conocía desde hacía treinta años.
Mujeres a las que había ayudado cuando no tenían dinero.
Una señora de cabello blanco se acercó a mí.
—Tu suegra me prestó dinero para comprar medicinas cuando mi esposo estaba enfermo. Nunca quiso que se lo devolviera.
Otra mujer me tomó las manos.
—Mercedes pagó los útiles escolares de mis nietos durante tres años.