—¿Puede describirlo? —preguntó el operador.
Le conté lo que veía.
El hombre parecía estar esperando.
La niña giró la cabeza hacia él.
Después volvió a mirar mi ventana.
Y comenzó a caminar lentamente hacia la puerta principal.
—Señora, aléjese de las ventanas —indicó el operador—. La patrulla está en camino.
Obedecí.
Caminé hasta el pasillo interior.
Cerré la puerta de mi dormitorio.
Y me senté en una silla con el teléfono en la mano.
Por primera vez desde que había visto a la niña, sentí verdadero miedo.
Los golpes en la puerta
Pasaron unos minutos.
El operador permaneció en la línea.
Me preguntó si todas las entradas estaban cerradas.
Le respondí que sí.
Entonces escuché tres golpes suaves en la puerta principal.
Me quedé inmóvil.
Después llegó una voz infantil.
—Señora, tengo frío.
Sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.