Miré el reloj.
Eran las 3:19.
Habían pasado apenas doce minutos desde que había visto a la niña.
Pero sentía que llevaba horas esperando.
Las luces azules en la calle
De pronto escuché un automóvil detenerse.
Después otro.
Una voz masculina gritó desde el exterior:
—¡Policía! ¡Permanezcan donde están!
Me acerqué con cuidado a la ventana del dormitorio, sin abrirla.
Vi luces azules reflejadas sobre la pared.
Escuché pasos rápidos.
Una puerta de automóvil.
Y varias voces.
El operador me dijo:
—Señora Teresa, los agentes ya están en el lugar. Espere a que se identifiquen y confirmemos que puede abrir.
Permanecí dentro.
Unos minutos después, un agente se comunicó conmigo a través del teléfono del operador.
Me explicó que habían asegurado el perímetro y que podían acompañarme.
Cuando finalmente abrí, había dos policías frente a mi casa.