Llegó a una cita a ciegas con su bebé en brazos, y todos esperaban que aquel hombre se marchara...

Ella observó a su hija.

Después me miró a mí.

—¿Sabes cargar bebés?

—Tengo sobrinos. Eran pequeños hace muchos años, pero supongo que los principios básicos no han cambiado.

Se rio.

Finalmente se levantó y colocó a Sofía en mis brazos con muchísimo cuidado.

Esperé que llorara.

No lo hizo.

La pequeña se acomodó contra mi pecho y volvió a observarme.

Durante unos segundos permaneció completamente seria.

Después sonrió.

Una sonrisa sin dientes, enorme y absurda.

No estaba preparado para lo que sentí.

Hacía mucho tiempo que nadie confiaba en mí de aquella manera.

En los negocios, cada relación tenía condiciones.

Cada conversación tenía un objetivo.

Cada favor podía convertirse en una negociación.

Sofía no sabía cuánto dinero tenía.

No sabía dónde vivía.

No sabía cuántas personas trabajaban para mí.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *