Solamente sabía que unos brazos la estaban sosteniendo.
Agarró mi corbata e intentó llevársela a la boca.
—Eso no se come —le dije.
Daniela soltó una carcajada.
—Para ella, todo se come.
Le ofrecí mi dedo.
Sofía volvió a agarrarlo.
Daniela empezó finalmente a comer con las dos manos.
Y entonces hablamos.
De verdad.
Me contó que antes del embarazo había estudiado enfermería.
Quería trabajar con niños.
Después de quedarse sola tuvo que interrumpir los estudios y buscar empleo de tiempo completo.
Trabajaba como recepcionista en una pequeña clínica.
Ganaba lo suficiente para pagar un departamento modesto, la guardería durante sus horas laborales, comida, transporte y recibos.
Pero casi nunca quedaba nada al final del mes.
—Estoy intentando ahorrar para terminar enfermería —me explicó—, pero cada vez que junto un poco aparece algo.
Miró a Sofía.
—Una consulta, ropa nueva porque crece demasiado rápido, algún gasto de la guardería…