—Debe ser agotador.
Daniela soltó el aire lentamente.
—Lo es.
Se quedó mirando su plato.
—A veces llego a casa y tengo ganas de sentarme en el suelo y no moverme durante una hora. Pero ella necesita cenar, bañarse, dormir. Así que sigues.
—Eso requiere mucha fuerza.
Negó con la cabeza.
—La gente siempre dice eso. “Qué fuerte eres”. Yo no me siento fuerte.
Levantó los ojos.
—Me siento cansada.
Aquella respuesta me pareció más sincera que cualquier conversación que había tenido en meses.
Sofía comenzó a relajarse en mis brazos.
Haz clic en el botón de abajo para leer la siguiente parte de la historia. Su cabeza cayó sobre mi pecho.
Yo empecé a mecerla lentamente sin pensar.
Daniela se quedó observándome.
—Esto debe ser oficialmente la peor cita a ciegas de tu vida.
—¿Por qué?
—Llegué con una bebé. Te conté todos mis problemas. Y ahora estás cuidando a mi hija para que yo pueda terminar una comida.