—Yo sabía que ustedes dos se llevarían bien —dice.
Siempre le respondo lo mismo.
—Nunca me dijiste que Daniela iba a llegar con una bebé.
Ella se encoge de hombros.
—Si te lo hubiera dicho, quizá habrías inventado una excusa.
Probablemente tiene razón.
El Ricardo de algunos años antes habría encontrado una razón lógica para rechazar la cita.
Demasiada diferencia de edad.
Demasiadas complicaciones.
Una madre soltera.
Una bebé.
Una vida que no encajaba con la mía.
Todo habría parecido inconveniente.
Pero aquella tarde no tuve tiempo de analizarlo.
Daniela estaba delante de mí.
Sofía estaba en sus brazos.
Y tuve que decidir qué clase de hombre quería ser.
Ahora, algunas noches, me siento a la mesa con ellas y observo cosas que antes habría considerado completamente ordinarias.
Daniela contándome algo que ocurrió en el hospital.