—Estoy embarazada, Alejandro. No soy una exposición médica.
Carmen intervino desde la cocina:
—Déjale. Si no compra cosas, se pone más nervioso.
—Tú tampoco ayudas.
La madre y el hijo se miraron.
Isabel entendió entonces que iba a tener que controlar a 3 personas: a los gemelos y a su marido.
Sin embargo, bajo aquellas situaciones casi cómicas existía un cambio verdadero.
Alejandro canceló viajes, delegó reuniones y empezó a hablar.
Cuando apareció un problema serio en su empresa relacionado con un terreno que Carmen había utilizado años atrás como garantía para ayudar a un familiar, su primera reacción fue intentar resolverlo solo.
Esta vez llegó hasta la puerta del despacho, regresó y dejó los documentos sobre la mesa.
—Tenemos un problema.
Isabel levantó una ceja.
—¿Acabas de contarme algo antes de intentar solucionarlo durante 3 meses en secreto?
—Estoy progresando.