Alejandro estaba sentado frente a ella.
—¿Es verdad?
Beatriz tardó unos segundos.
—Sí.
Carmen todavía no estaba en casa.
Aquello permitió que Beatriz hablara sin interrupciones.
Había descubierto el embarazo cuando su matrimonio ya atravesaba una etapa terrible. Alejandro trabajaba 12 horas diarias. Carmen preguntaba constantemente cuándo llegarían los niños. Nadie sabía que Beatriz acababa de ver por primera vez una prueba positiva.
Quería esperar unas semanas antes de contarlo.
Nunca llegó a hacerlo.
Alejandro estaba en Londres por negocios cuando Beatriz comenzó a sentirse mal. El embarazo se interrumpió de forma natural en una fase muy temprana.
—Te llamé aquella noche —recordó ella.
Alejandro levantó los ojos.
—Me dijiste que tenías fiebre.
—No sabía cómo decirte lo demás.
Él tragó saliva.
—Era también mi hijo.
—Lo sé.
No hubo gritos.
Precisamente por eso dolió más.
Beatriz explicó que después de aquella pérdida regresó a una casa donde Carmen seguía hablando de tratamientos, vitaminas y nietos porque desconocía lo ocurrido. Alejandro volvió de Londres y se encerró nuevamente en el trabajo.
Beatriz intentó hablar varias veces.
Nunca encontró el momento.
Hasta que dejó de buscarlo.
—Cuando pedí el divorcio, ya no estaba huyendo porque no pudiéramos tener hijos —dijo—. Me fui porque me sentía sola dentro de mi propio matrimonio.
Alejandro bajó la cabeza.
Aquella frase terminó de explicar algo que ningún diagnóstico había conseguido explicar en 11 años.
Poco después se escuchó abrirse la puerta.
Carmen regresó de hacer la compra.
Al entrar en el salón y ver a Beatriz con los ojos húmedos, se detuvo.
—¿Qué ocurre?
Nadie respondió.
Carmen miró primero a Alejandro, después a Isabel y finalmente a Beatriz.
La expresión de la mujer cambió.
—Había algo más, ¿verdad?
Beatriz se levantó.
—Carmen…
—Estuviste embarazada.
No fue una pregunta.
El silencio respondió por ella.
Carmen se sentó lentamente.
—¿Cuándo?
—Antes del divorcio.
—¿Y lo perdiste?
Beatriz asintió.
Las manos de Carmen empezaron a temblar.
Durante años había vivido arrepentida por haber culpado injustamente a su nuera de no darle nietos. Ahora descubría que había seguido hablándole de embarazos mientras aquella mujer acababa de perder uno.
—Dios mío…
Beatriz se sentó junto a ella.
—Tú no lo sabías.
—Pero te presioné.