Esta vez llegó hasta la puerta del despacho, regresó y dejó los documentos sobre la mesa.
—Tenemos un problema.
Isabel levantó una ceja.
—¿Acabas de contarme algo antes de intentar solucionarlo durante 3 meses en secreto?
—Estoy progresando.
El problema podía costarle cerca de 1.500.000 €.
Carmen descubrió horrorizada que había firmado años atrás unos documentos sin leerlos correctamente.
Su primera reacción fue ofrecer sus ahorros y la casa.
Alejandro se negó.
—Nadie va a vender nada. Primero vamos a entender qué ocurrió.
Beatriz, gracias a su experiencia como auditora, ayudó a revisar la documentación.
Finalmente encontraron un certificado que demostraba que la antigua deuda había sido cancelada dentro del plazo previsto. La reclamación contra la empresa terminó cayéndose.
Para Carmen, aquel susto dejó otra norma familiar.
Nunca volvió a firmar un papel sin leerlo entero.
Ni siquiera cuando Alejandro necesitó meses después una simple autorización.
—Mamá, son 2 páginas.
—También eran pocas las del otro contrato y casi te cuestan 1.500.000 €.
Alejandro dejó de protestar.
Pero el embarazo siguió siendo delicado.
A las 14 semanas el hematoma se había reducido. A los 20, los médicos confirmaron que ambos bebés evolucionaban correctamente. A las 28, el cuello uterino comenzó a acortarse y recomendaron reposo casi absoluto.
Carmen trasladó prácticamente media casa alrededor del sofá de Isabel.
La madre de Isabel, Rosa, empezó a visitarles cada 2 días con recipientes de comida.
Las 2 futuras abuelas desarrollaron inmediatamente una rivalidad absurda.
—Ha comido lentejas —anunciaba Carmen.
—Pero las mías llevan más verduras —contestaba Rosa.
—No estamos compitiendo.
—Claro que no.
Y al día siguiente Rosa aparecía con una olla todavía mayor.
Isabel observaba aquellas discusiones sabiendo que, durante años, había pensado que jamás tendría algo parecido.
Precisamente por eso el miedo continuaba acompañándola.
A las 32 semanas, una noche después de cenar, sintió que el abdomen se endurecía.
Miró el reloj.
10 minutos después volvió a ocurrir.
Después fueron 8.
Después 6.
Alejandro se levantó de golpe.
—Voy a llamar al hospital.
—Espera.
Entonces Isabel sintió algo diferente.
Carmen apareció desde la cocina, le miró la cara y fue directamente a buscar la bolsa que llevaba semanas preparada.
—Alejandro, el coche.
Él salió corriendo.
Regresó 15 segundos después.
—Las llaves.
Carmen señaló el mueble del recibidor.
—Delante de tu nariz.
Incluso Isabel terminó riéndose.