—Tu papá conoce a la mujer que llamó a la pastelería. Estuvo con ella hace semanas. Creo que me está engañando.
—Mamá, papá no te engaña.
Su seguridad me desconcertó.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
Valeria miró hacia otro lado.
—Porque lo sé.
—Eso no es una respuesta.
Gustavo entró antes de que pudiera insistir. Valeria lo miró.
—Papá, tienes que decírselo.
—¿Los dos saben quién es? —pregunté, sintiendo que el suelo se movía.
La mujer de la entrada
Una empleada del salón asomó la cabeza.
—Perdón por interrumpir. Hay una señora abajo preguntando por el pastel de bodas. Dice que se llama Elena.
Gustavo se puso pálido.
—¿Está aquí?
Bajó corriendo y yo fui detrás de él. En la entrada esperaba una mujer de mi edad, con pantalón oscuro y blusa color crema, aferrada a su bolso.