—¿A los tres?
—Sí. Me dijo que ya no quería esconder nada. Que había cometido errores, pero que deseaba que nos conociéramos.
Andrés sacó un sobre de su mochila.
—Me pidió que te entregara esto cuando llegara el momento.
Reconocí inmediatamente la letra de mi padre.
Mis manos comenzaron a temblar.
Abrí el sobre.
Dentro había una carta.
«Mi querida Mariana:
Si estás leyendo esto, significa que finalmente conociste a Andrés.
Sé que estarás enojada conmigo, y tienes derecho a estarlo.
Cometí errores que durante muchos años no tuve el valor de enfrentar.
Pero quiero que sepas algo: jamás dejé de sentir orgullo por ti.
Cuando tu mamá murió, tú te convertiste en mi razón para levantarme cada mañana.
Te vi crecer, estudiar, equivocarte, enamorarte y convertirte en una mujer fuerte.
También vi cómo empezaste a apagar tu propia luz para mantener feliz a alguien que no te valoraba.