La emboscada debía herirlo, no matarlo.
Quería que Adrián se volviera más desconfiado, más aislado y más dependiente de él.
Y yo era el problema.
Marcos creía que conmigo cerca, Adrián seguía conservando una parte de sí mismo que no podía controlar.
Valeria apareció años después como una nueva pieza.
Le ofreció a Adrián exactamente lo que necesitaba escuchar en una época en que nuestro matrimonio estaba desgastado.
Admiración.
Necesidad.
Facilidad.
Mientras yo conocía al hombre que olvidaba sus medicamentos y tenía miedo de perder a su familia, Valeria alimentaba al empresario poderoso que nunca tenía dudas.
Y Marcos utilizó aquella relación para empujar el divorcio.
Cuando supo de mi embarazo real, el plan comenzó a romperse.
De pronto ya no existía solo un heredero ficticio.
Existía nuestro hijo.
Marcos fue detenido en el despacho de un abogado en Ciudad de México.