—Ya lo sabía, tontito. Pero también sabía que algún día lo ibas a entender.
Nuestro estudio
Abrí el local pocas semanas después. Le pedí a Rocío que se uniera como socia: ella se encargaba de la administración, tenía un talento natural para los números. Con el tiempo, retomó los estudios y se recibió de contadora.
En la puerta del estudio colgamos un cartel con nuestras dos iniciales. Cada vez que alguien me felicita por el trabajo, digo lo mismo:
—No lo hice solo. Detrás de cada plano hay una hermana que trabajó dos turnos.
Si tienes a alguien que te sostuvo cuando no tenía por qué hacerlo, agradécele hoy. No esperes a que sea tarde.