Mi padre levantó la cabeza.
—Mauricio…
—Don Arturo, por favor no me diga nada más.
La alianza comenzó a romperse delante de todos.
El Ministerio Público solicitó medidas cautelares para Camila debido a la gravedad de la lesión, el riesgo de presión sobre testigos y los intentos documentados de modificar las versiones.
También informó que abriría una carpeta separada para investigar las declaraciones falsas y la posible participación de Lorena en la agresión.
El juez escuchó a ambas partes y ordenó que Camila permaneciera bajo prisión preventiva mientras avanzaba el proceso, dadas las circunstancias específicas presentadas.
Fue entonces cuando Camila comprendió que el dinero de su abuelo no podía devolverla a casa esa tarde.
—¡Mamá! —gritó cuando los agentes se acercaron—. ¡Haz algo!
Lorena se levantó desesperada.
—¡Fue un accidente!
El fiscal señaló la grabación.
—Eso deberá explicarlo ante la autoridad competente.
Camila comenzó a sollozar.
—¡Abuelo!
Arturo no reaccionó.
Los agentes esposaron a mi sobrina y la condujeron fuera.
No sentí satisfacción.
Solo pensé en Mateo despertando de madrugada preguntándome si su brazo volvería a funcionar como antes.
Lorena corrió hacia mí.
—Valeria, por favor.
Me aparté.
—No me toques.
—Yo no sabía que Camila iba a hacerle eso.
—Le dijiste que pusiera en su lugar a un niño de siete años.
—Estaba molesta.
—Y después me escupiste mientras Mateo estaba en el suelo con el brazo roto.
Lorena comenzó a llorar.
—Es mi hija.
La miré.
—Exactamente. Y Mateo es mi hijo.
Mi padre apareció detrás de ella.
Ya no tenía aquella postura de hombre poderoso que había dominado todas nuestras reuniones.
—Valeria, podemos solucionar esto.
—Ya no hay nada que solucionar contigo.
—No seas absurda. Pagaré médicos, rehabilitación, terapia, lo que sea. Abriré un fideicomiso para Mateo.
Casi me dio risa.
Seguía creyendo que cada desastre tenía un precio.
—Papá, no necesito tu dinero.
—Entonces dime qué quieres.
—Quiero que dejes de pensar que puedes comprar las consecuencias.
Su rostro se endureció.
Por un instante regresó el Arturo de siempre.
—Todo esto está pasando porque quieres vengarte de nosotros.
—No. Está pasando porque durante décadas confundieron mi silencio con debilidad.
Me di la vuelta.
Pero antes de salir, dos agentes de investigación se acercaron a mi padre.
—Señor Mendoza, necesitamos hacerle unas preguntas adicionales.