—¿Te golpeaste la cabeza?
—No.
Temblaba.
La abracé.
—¿Qué pasó?
—Escuché al tío Mauricio gritando.
Valeria comenzó a sollozar.
—Pensé que iba a subir. Quise cerrar la puerta, pero cuando me levanté todo empezó a dar vueltas.
Hundió los dedos en mi blusa.
—Pensé que venía a hacerme algo porque dije que él me había empujado.
Miré a Andrés.
Aquello terminó de romper lo poco que quedaba de nuestra antigua familia.
—No va a volver —le prometí—. Nunca más tendrás que esconderte de él dentro de tu propia casa.
Las semanas siguientes fueron lentas.
Valeria tenía días buenos y días en los que cualquier luz fuerte le provocaba dolor de cabeza.
Perdió el resto de la temporada de natación.
Durante casi 1 mes no quiso acercarse al patio.
Cuando la Fiscalía tomó nuestras declaraciones, conté exactamente lo que había ocurrido.