Mauricio bajó la cabeza.
—Regresa. Podemos seguir pagando entre los dos.
Entonces lo entendí.
No había ido a pedirme perdón.
Había ido a recuperar mis dieciocho mil pesos mensuales.
Saqué de mi bolsa la copia de la demanda de divorcio.
—Ya no soy tu esposa en la práctica. Pronto tampoco lo seré legalmente.
—Daniela, sin tu ayuda no puedo pagar la casa.
—Entonces no debiste construir tu doble vida sobre mi sueldo.
Su rostro cambió.
—¿Quieres verme en la ruina?
—Yo no transferí seiscientos cincuenta mil pesos de mis suegros a una amante. Yo no mantuve un hijo secreto durante años. Yo no firmé documentos para preparar la salida de mi esposa. Tú tomaste cada decisión.
Lo dejé ahí.
Esa noche, Valeria llamó a Mariana.
Quería negociar.
Había guardado audios de conversaciones con Mauricio y Teresa porque temía que algún día intentaran culparla de todo.