Mi hija de seis años dijo que papá llama «esposa» a la señora de la casa azul: la verdad me dejó sin palabras

—Dime la verdad —le pedí—. Y no me mientas. Me daré cuenta.

—Está bien —dijo—. Te lo contaré. Pero prométeme que no me odiarás.

Yo prometí lo único que pude: que lo escucharía.
La mujer que olvidaba

La señora de la casa azul se llamaba Aurora. Tenía setenta y ocho años, había enviudado hacía tres y su única hija vivía en otro país. Desde hacía un año, el olvido se la estaba llevando poco a poco: a veces no sabía qué día era, a veces no reconocía su propia cocina.

Esteban la conoció por casualidad, una mañana en que la encontró sentada en la acera, en bata, esperando a alguien que nunca llegaba. La acompañó a su casa. Al despedirse, Aurora le tomó la mano y le preguntó con una ternura infinita:

—¿Por qué llegaste tan tarde, Raúl?

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