Los meses siguientes fueron difíciles.
Presenté la denuncia por la agresión. Mauricio intentó disculparse por medio de conocidos y después quiso convencerme de retirar todo. Dejé las comunicaciones en manos de Adriana.
La revisión de la fundación encontró desvíos y gastos personales sin justificación. Los resultados se entregaron a las autoridades y a los donantes. Mi madre perdió el control de la organización mientras avanzaba el procedimiento correspondiente.
Me llamó muchas veces.
Una tarde contesté.
—Soy tu madre —dijo.
Esperé. Quise darle la oportunidad de decir algo más.
No preguntó por mi cara. No mencionó las cartas. Me pidió que pensara en lo que la gente estaba diciendo de ella.
—Por ahora no quiero seguir hablando contigo —respondí.
Colgué sin discutir.
Con Cecilia empecé más despacio. Un café. Después otro. Le pedí hechos, tiempo y paciencia. Algunas relaciones pueden reconstruirse, pero no porque alguien exija que olvides.