Estaba bebiendo. Como mi padre. Debí haberlo visto. Creo que una parte de mí lo vio. Creo que parte de mí pensó que podía hacer las cosas bien. Si lo amaba lo suficiente, se detendría.
Tenía a nuestra hija, Natalie, a los veinte años.
Durante cuatro años lo intenté. Dejó de beber durante un mes y luego volvió a empezar. Él vendría a casa a las dos de la mañana y lo rompía todo. Placas. Lámparas. La cuna una vez, cuando Natalie tenía ocho meses. Ella estaba durmiendo allí. Se despertó gritando. Lo saqué de la cuna y lo guardé en el baño, con la puerta cerrada, hasta el amanecer.
Il ne m’a jamais frappée. Je tiens à le préciser parce qu’on me pose toujours la question. Il ne m’a jamais frappée. Il a juste tout détruit autour de moi. Sans cesse. Jusqu’à ce qu’il ne reste plus rien dans cette maison qui ne soit fissuré.