A la mañana siguiente hice lo que tenía que hacer.
Primero fui a la primaria. Hablé con la directora y me quité de la lista de personas autorizadas para recoger a Sofía y a Mateo. Dejé una hoja con todos los teléfonos, horarios de futbol, de coro, de inglés y la lista de alergias de Mateo que Jimena siempre se confundía.
Dejé la llave extra de la casa sobre la barra de la cocina. Y saqué mi tarjeta de la cartera familiar que yo había prestado para “emergencias” y que ya usaban para todo el mandado.
Luego bajé la maleta.
Emiliano se quedó pálido. “Mamá.”
“Te dije que iba a hacer otro plan.”
“La panadería abre el sábado.”
“Lo sé.”
“¿Al menos te quedas hasta el domingo para ayudarnos?”
“No.”
Jimena bajó en bata. “¿Te estás yendo de verdad?”