—Mamá…
—¿Sí?
—¿Yo hice que la abuela se metiera en problemas?
Clara se arrodilló frente a ella.
—No. Los adultos están averiguando qué pasó.
—Pero conté el secreto.
—Nunca tienes que guardar un secreto que te dé miedo o te haga sentir rara.
Emilia abrazó a su madre.
Clara no hizo ninguna pregunta más.
Cerca de las 11 de la noche sonó su teléfono.
Era Laura, hermana menor de Beatriz.
No tenían mucha relación.
—Clara, necesito hablar con la persona que está investigando lo de los niños.
Clara se incorporó.
—¿Por qué?
Laura tardó varios segundos en responder.
—Porque una semana antes de que murieran los gemelos, Beatriz me preguntó si podía darles algo para que durmieran toda la noche.
Clara dejó de respirar por un instante.
—¿Qué cosa?
—Un medicamento.
—¿Qué le dijiste?
—Que no lo hiciera. Que eran bebés. Que hablara con el pediatra.