Miré nuevamente las once llamadas.
—Entonces él la llamó aquella noche.
—Sí.
—¿Para qué?
La detective respiró lentamente.
—Según mensajes recuperados de su teléfono antiguo, Alejandro le dijo que tenía una solución. Le pidió que llevara los documentos. Laura se negó varias veces. Él insistió.
Once veces.
Finalmente aceptó verlo.
Laura tomó el coche.
Nunca llegó.
Había llovido durante horas y el pavimento estaba peligrosamente resbaloso en una curva cerca de la barranca. Perdió el control del automóvil.
—¿Alejandro provocó el accidente? —pregunté.
Mariana negó con la cabeza.
—No tenemos evidencia de eso. Todo indica que fue un accidente vial. Pero sí sabemos que él conocía las condiciones de la carretera y que insistió hasta conseguir que Laura saliera esa noche.
Sentí una mezcla imposible de tristeza y alivio.
Mi hijo no había empujado el coche de su hermana fuera del camino.
Pero la había llevado hasta esa carretera.
Y después había hecho algo todavía más cruel.
Había tomado su propia culpa y me la había entregado.
—A la mañana siguiente vino a mi casa —dije—. Me dijo que Laura había salido por mí.
Mariana asintió.
—Probablemente necesitaba desviar cualquier pregunta sobre por qué ella estaba manejando esa noche.
Me quedé mirando mis manos.
Durante dieciocho meses había cargado una piedra que nunca me perteneció.
Y mientras yo sufría en silencio, Alejandro había seguido visitándome.
Había comido en mi mesa.
Había abrazado a Sofía.
Había llevado regalos en Navidad.
Y poco a poco había empezado a construir un expediente para quitarme a la hija de la mujer cuya muerte había utilizado para protegerse.
Mi abogada, Patricia Mendoza, llegó esa misma tarde.
Antes del intento de asesinato, yo ya había firmado documentos para modificar la administración del fideicomiso de Sofía.
Después de descubrir los registros falsos, Patricia me recomendó colocar todos los recursos bajo administración institucional independiente.
La operación estaba prácticamente terminada.
Alejandro podía obtener la tutela algún día, casarse con un juez o contratar al mejor abogado del país.
No importaba.
No tendría acceso libre al dinero.
Las necesidades de Sofía serían pagadas directamente por la institución conforme a las instrucciones que Laura dejó.
—Tu hija pensó en esto —me dijo Patricia—. En el documento original hay una cláusula específica que excluye a Alejandro de cualquier función administrativa.