—Deberías haberte limitado a dar masajes.
—¿Quién cambiaba los tarros?
Él soltó una pequeña carcajada.
—Sergio siempre fue demasiado nervioso.
Aquella frase bastaba para demostrar que sabía mucho más de lo que debería.
Lucía continuó.
—Adrián confiaba en usted.
—Adrián heredó una empresa que otros construimos.
La voz amable desapareció.
Julián comenzó a hablar con el resentimiento acumulado durante décadas.
Contó cómo había trabajado junto a su hermano mayor mientras todas las participaciones importantes terminaban pasando al hijo.
Cómo Adrián había rechazado vender activos cuando él lo propuso.
Cómo la boda con los Aranda iba a dejarlo definitivamente sin influencia.
—Solo necesitábamos tiempo —dijo—. Una enfermedad larga. Nada escandaloso. Los médicos habrían hablado de una neuropatía rara, de complicaciones cardíacas, de cualquier cosa.
Lucía sintió un escalofrío.