Mientras masajeaba las piernas de mi cliente en su dormitorio de Marbella, varios cabellos quedaron en mis dedos y vi extrañas líneas blancas en sus uñas; su médico sonreía junto a una bolsa de suero mientras él apenas soportaba el ardor. Después escuché: «Solo necesitábamos tiempo: una enfermedad larga, nada escandaloso». Guardé una muestra y llamé a toxicología. Entonces encontré 2 tarros idénticos de crema. –

—¿Y Claudia?

Julián se encogió de hombros.

—Sin ella tampoco habría acuerdo.

Entonces una puerta se abrió detrás de él.

Adrián apareció.

No llevaba zapatos.

Todavía sentía dolor al caminar, pero avanzó lentamente sobre el suelo de piedra.

Julián perdió el color del rostro.

—Adrián…

—Sigue —respondió él—. Quiero escuchar qué parte de mi vida considerabas un inconveniente empresarial.

Tomás apareció junto a 2 agentes.

El dispositivo de Lucía había registrado la conversación.

Julián intentó explicar que todo había sido sacado de contexto.

Después culpó a intermediarios.

Luego aseguró que nunca quiso consecuencias graves.

Pero el registro de entregas, los movimientos societarios, la declaración de Sergio y las comunicaciones financieras ya componían una historia difícil de desmontar.

La investigación posterior reveló que el conductor encargado de recoger los preparados había recibido pagos de una sociedad vinculada al círculo de Julián.

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