Claudia se marchó a Madrid para retomar los estudios de diseño que había abandonado por presión familiar.
Antes de irse buscó a Lucía.
—Fui horrible contigo aquella primera noche.
—Sí.
Claudia abrió los ojos, sorprendida.
Lucía sonrió.
—¿Qué querías que dijera? Lo fuiste.
Claudia terminó riéndose.
Luego la abrazó.
—Gracias por no dejarme sola aunque yo no te hubiera dado ningún motivo para ayudarme.
—Precisamente por eso había que hacerlo.
La recuperación de Adrián fue lenta.
Durante meses necesitó rehabilitación y seguimiento médico.
El cabello comenzó a crecer nuevamente.
Las líneas de las uñas fueron desplazándose hasta desaparecer.
El dolor de los pies tardó más.
Lucía lo acompañó durante ese proceso, primero como terapeuta y después como algo que ninguno de los 2 se atrevía todavía a definir.
Una tarde de primavera, Adrián salió al jardín de la villa.