Mientras masajeaba las piernas de mi cliente en su dormitorio de Marbella, varios cabellos quedaron en mis dedos y vi extrañas líneas blancas en sus uñas; su médico sonreía junto a una bolsa de suero mientras él apenas soportaba el ardor. Después escuché: «Solo necesitábamos tiempo: una enfermedad larga, nada escandaloso». Guardé una muestra y llamé a toxicología. Entonces encontré 2 tarros idénticos de crema. –

Adrián llegó pocos minutos después caminando con dificultad. Tras él apareció el doctor Cifuentes con el mismo suero.

—Quiero una explicación —dijo Adrián.

Lucía abrió la gasa.

—Su cabello se desprende sin dolor. Tiene líneas blancas en las uñas y una sensación de quemazón muy concreta. Necesita análisis toxicológicos hoy.

Cifuentes soltó una sonrisa condescendiente.

—Estrés, neuropatía y alopecia. No convirtamos una sesión de masaje en una película.

—Entonces no tendrá inconveniente en que lo analice otro hospital —respondió Lucía.

La expresión del médico cambió.

Solo ligeramente.

Pero Adrián lo vio.

Lucía señaló el suero.

—Y hasta conocer los resultados, yo tampoco permitiría que me administraran eso.

El silencio se hizo incómodo.

Cifuentes recordó que llevaba 18 años cuidando a aquella familia. Lucía respondió que precisamente por eso convenía comprobarlo todo.

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