Una familia de Veracruz pidió una pieza basada en una fotografía de 1948.
Un coleccionista de Guadalajara solicitó una mujer vestida como en los años veinte.
Mariana no copiaba simplemente rostros.
Preguntaba por las personas.
¿Qué les gustaba?
¿Cómo hablaban?
¿Qué objeto llevaban siempre?
¿Qué recuerdo despertaban?
Eso convirtió sus muñecas en algo diferente.
Cada una parecía guardar un secreto.
Dos años después pudo dejar el vivero y rentar un pequeño local.
Lo llamó La Segunda Vida.
Porque eso era exactamente lo que sentía que había recibido.
Una segunda vida.
Cuando un canal regional preparó un reportaje sobre ella, el periodista le preguntó:
—¿Cuál fue el momento en que usted supo que su vida había cambiado?
Mariana sonrió.
—Cuando abrí un armario viejo y pensé que estaba lleno de muertos.
El periodista se quedó desconcertado.
Ella se rio.
Después contó la historia.