Once días frente a una puerta para enseñarme qué significaba un hogar

La sala de los gatos era sencilla. Jaulas metálicas, mantas dobladas, cuencos de agua, cartulinas pequeñas con nombres escritos a mano.

Algunos gatos se acercaban a los barrotes. Otros se escondían al fondo. Otros me miraban con esos ojos de animal que ya ha aprendido a no esperar demasiado.

Entonces vi a Nube.

Era blanco y negro, con una mancha gris sobre un ojo, como si una nube pequeña le hubiera tocado la cara.

A su lado estaba Sol, un gato atigrado de color naranja claro.

Sol era más pequeño. Tenía el pelo algo áspero y los ojos cansados, pero dulces.

Nube estaba tumbado medio encima de él, colocado entre Sol y la puerta de la jaula.

Como si quisiera protegerlo del mundo entero.

En una nota pegada a la jaula ponía que los habían encontrado juntos dentro de una caja de cartón, detrás de una lavandería.

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