Pero apareció una sorpresa más.
Robles no había actuado solo.
El responsable de compras, un hombre llamado Federico Luna, había sido quien inicialmente comenzó a utilizar documentos antiguos de Chema para imitar su firma.
Robles descubrió irregularidades meses después.
Y en lugar de denunciarlas, aceptó encubrirlas porque algunas compras cuestionables habían sido autorizadas durante su administración.
No había empezado el esquema.
Pero decidió protegerse.
Y para protegerse necesitaba un culpable.
Eligió
al conserje.
Cuando finalmente retiraron la acusación contra Chema, él no celebró.
Se quedó sentado frente a la escuela con las manos sobre su viejo bastón.
Sofía se sentó a su lado.
—Papá.
—¿Sí?
—Terminó.
Chema negó lentamente.
—No.
Miró el edificio.
—Aquí trabajé treinta y ocho años.
—Lo sé.
—Pensaron que porque limpiaba pisos podían limpiar sus problemas conmigo.
Sofía le tomó la mano.