—Tú no sabes nada de negocios.
—Por eso contraté a personas que sí saben.Su teléfono volvió a vibrar.
Esta vez leyó el mensaje sin contestar.
—Me han suspendido como director.
No era una pregunta.
—Después de lo que acabas de hacer, pedí al consejo que te apartara mientras revisan las cuentas.
Sofía se acercó a él.
—Daniel, vámonos. Está intentando asustarte.
Pero él no se movió.
Me miraba la ropa, el bolso gastado, los zapatos mojados por la nieve. Los mismos detalles que durante años le habían servido para decidir cuánto valía yo.
—¿Por qué nunca me lo dijiste?
La pregunta me dolió más de lo que esperaba.
—Porque al principio quería que me quisieras sin saberlo.
Recordé el apartamento pequeño donde habíamos cenado nuestra primera noche juntos. Daniel lavando los platos, riéndose porque se le había quemado la pasta.