PARTE 2: EL IMPERIO TENÍA MI NOMBRE

Eso estuvo a punto de romperme.

—Perdón por tardar cinco años en llamar —murmuré.

—Has llamado esta noche.

Me sostuvo un momento más.

Después me explicó lo que habían encontrado al revisar los primeros movimientos: transferencias del grupo hacia una consultora registrada a nombre de Sofía, pagos sin contratos y gastos personales cargados como servicios profesionales.

Todavía faltaba investigar.

Pero había suficiente para impedir que Daniel siguiera firmando órdenes.

—No quiero cerrar la empresa —dije—. Hay gente que depende de su sueldo.

—La empresa seguirá funcionando. Mañana entra el equipo provisional.

Asentí.

Mi madre necesitaba médicos. Los empleados necesitaban cobrar. Daniel tendría que responder por sus decisiones.

Por primera vez, esas tres cosas podían existir sin que yo tuviera que arrodillarme.

Lo encontré junto a la salida del hospital.

Estaba solo.

—Sofía se fue —dijo.

Esperó mi reacción.

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